La microinfografía, el frasco de un buen perfume

A estas alturas creo que ya está claro que es el contenido el que tiene la voz cantante en el vasto mundo de internet y que no sirve fusilar lo que se lee ni hacer un corta y pega de aquí y de allá sino que hay que aportar algo nuevo. Como hacer esto es muy difícil por la gran cantidad de información que hay, se podría afirmar que el truco, más que decir algo nuevo, es decirlo de una forma distinta, desde un ángulo poco habitual o de alguna forma novedosa y original.

Si nos imaginamos los diferentes tipos de infografías como un maletín o una caja de herramientas, es fácil darse cuenta de que no todas las herramientas sirven para todos los fines, igual que una llave inglesa no sirve para poner un cuadro en la pared. Algo tan obvio nos puede llevar a una reflexión un poco más profunda sobre la esencia y finalidad de los distintos tipos de infografías, tanto de los que ya existen como de los que nos podamos inventar porque nunca se sabe hacia dónde nos lleva una imaginación bien encauzada y aunque dijimos que es muy difícil crear algo nuevo, no significa que sea imposible llegar a ello mediante la combinación y la experimentación con lo conocido.

Pues bien, centrándonos en la microinfografía, vamos a imaginar qué tipo de herramienta es y para qué sirve. Hay que decir que en este ejercicio de imaginación no podemos cerrarnos a visualizar la imagen común y corriente de una caja de herramientas con martillo, brocas y demás sino que hay cabida para todo un arsenal de objetos y materiales dispares. Por su nombre, no cabe duda de que la microinfografía es un objeto bastante pequeño que ocupa poco espacio en nuestra caja de herramientas. En esta fantasía, para mí, es un frasco de cristal del tamaño del dedo medio o corazón de la mano. ¿Que por qué es tan pequeño? Porque es un recipiente que sirve para guardar perfume. ¿Y para qué sirve el perfume? El perfume nos da personalidad, estimula nuestros sentidos, llama la atención y nos identifica. Por tanto, podemos decir que un buen contenido es como un perfume en comparación con un contenido normalito o poco original y provechoso que sería más bien como una colonia en envase grande de plástico.

Una vez que se ha creado el perfume, se transfiere al frasco de cristal pequeño, no a otro recipiente, sino al que sabemos que es el más adecuado para que no pierda nada de olor y mantenga todas sus propiedades. Es decir, una vez que tenemos el contenido de calidad bien escrito, resumido y estructurado, lo adaptamos al formato infográfico más adecuado, la microinfografía en este caso, para conseguir un mensaje visual intenso, sintetizado, llamativo y que perdure en la memoria.

Un ejemplo es este práctico decálogo de productividad hecho para la empresa ágilmente, donde se resumen diez tips muy útiles a tener en cuenta para una correcta planificación y gestión del tiempo. Estos diez sencillos consejos son de gran ayuda para el día a día laboral, ya sea en la mesa de trabajo de la oficina o en la de casa, seamos empleados por cuenta ajena o seamos nuestros propios jefes y por tanto los únicos responsables de nuestra organización y de marcarnos objetivos e ir a por ellos. Además de la indudable utilidad de la pieza, el diseño refuerza la presencia digital de la marca así como su identidad visual mediante la creación de elementos gráficos corporativos como es la iconografía y las líneas curvas que, combinados con la composición, el tratamiento tipográfico y el uso del color, definen un lenguaje y universo visual únicos.

Como resumen, podemos decir que es cierto que las mejores esencias vienen en frascos pequeños y la microinfografía es la pieza perfecta para obtener un formato visual muy viral con contenido valioso, bien sintetizado y bien diseñado, reforzando la identidad y la presencia en internet de la marca para ayudar en la estrategia de contenidos al apostar por una comunicación visual de calidad.

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